jueves, 14 de abril de 2011

EL MAESTRO


 
Autora: Martina Shapiro

Le llamábamos así, aunque su profesión no era la de maestro, era herrero, pero bien podría serlo por lo mucho que había vivido, todas las tardes al salir de clase me buscaba para irnos los dos de pesca y así librarse de las regañinas de su mujer y poder fumar tranquilamente en la orilla del río, mientras, a este joven inexperto le contaba historias que me parecían increíbles y en cierta medida lo eran también como las sazonaba con una imaginación prodigiosa.
Siempre me quedarán los posos de las grandes tardes de pesca, de charla y de admiración que sentía por él, como con tantos otros con los que me he sentado a charlar en los sitios más insospechados, ya sea en pueblos que por lógica hubieran desaparecido hace muchos años y que han sido salvados por las riadas humanas del Camino de Santiago, ya sea en los pueblitos de los Pirineos o en pueblos marineros de la cornisa cantábrica o las rías gallegas. Allí es donde he encontrado los más grandes sabios, alejados de los libros que con fruición he leído pero sin nada que envidiar a aquellos grandes filósofos que nos dieron los siglos.
Mi amigo, El Maestro, se fue hace muchos años pero no se marchó del todo, tardé en volver a nuestro río a pescar, pero volví a nuestro rincón y cada pez que pescaba decía: “Va por usted Maestro”, y lo devolvía a su rio como hacíamos los dos juntos. Y en ese río no me encontraba sólo, él a su manera estaba allí… el aire estaba impregnado del olor a su tabaco.

Saudades
 


Licencia Creative Commons

7 comentarios:

  1. "con el alma en una nube
    y el cuerpo como un lamento
    se marcha,se marcha el padre del pueblo
    se marcha el maestro."

    ResponderEliminar
  2. Sabes Ricardo, me haces retroceder en el tiempo hasta mi infancia, cuando me pasaba largas horas escuchando a Antonia,(abuelita) como yo le decía. Creo nací adulta, mis amiguitas me llamaban a jugar y yo prefería escuchar sus anécdotas, historias de vida en las que se destacaba su fortaleza y sabiduría. Cuando tenía 8 años me regaló una biblia, marcada por el paso de los años en sus hojas gastadas y mi primera lectura del Sermón del Monte de Jesús, pleno de amor y justicia para todos.
    Después con el paso de los años y leer a grandes filósofos de la historia, me he convencido que no existe mayor filosofía que la que nos enseña la propia vida, pues de ello se trata.
    En el recorrido de nuestros pasos abriendo caminos, siempre existe un MAESTRO que marcó nuestras vidas y se quedó para siempre en nuestra memoria.
    Te agradezco tu bello relato de hoy y es válido decir por ti y por mi:
    Gracias, Maestro.
    Gracias, Antonia.


    Un fortísimo abrazo, desde mis saudades.

    ResponderEliminar
  3. Alborada, tienes toda la razón, después de haber leído a los grandes filósofos me di cuenta que la filosofía estaba en esos hombres y mujeres que en la niñez tuvimos cerca, me di cuenta que la filosofía no estaba en los libros, estaba en la vida misma, vida que siempre afronté y afronto con una ilusión que viene de la observación y del levantarme de mis muchos errores, para comprender a la filosofía tienes que observar las cosas pequeñas y sencillas, desde el pajarillo a la brisa que mueve la hoja, y te tienes que mirar en esos ojos que muy de vez en cuando encuentras...

    !Ainssss como apareje a mi jumento transoceánico...!!!!

    ResponderEliminar
  4. Seguro todos tenemos referentes que han fortalecido nuestros aprendizajes.

    Saudades, me gusta tu blog, muy ecléctico. He leído algunos posts (poesía y humor), seguiré por aquí, es un gusto. Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Gracias Mutis por acercarte a la casa de este loco, de este malandrín que solo intenta hacer la vida menos dura de lo que a veces se nos presenta.

    Saludos,

    ResponderEliminar
  6. Todos tenemos a "ese Maestro", aquella persona que fue tan especial y que recordamos en el día a día; por suerte los recuerdos perduran ytraspasan los años, ellos vivien en cada una de las palabras dichas y que uno lleva presentes.

    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Nada hay que honre más a quien lo oye que ser llamado maestro, ni a quien lo dice que sentirse discípulo.

    Y pobre de aquel que sólo busque maestros con título, porque se estará negando toda la humilde sabiduría de quien ha vivido.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar