miércoles, 10 de diciembre de 2014

"PUESTO YA EL PIE EN EL ESTRIBO"




En la calle del León madrileña, Cervantes lucha contra la muerte con verdadero coraje. Los síntomas más evidentes son arterioesclerosis y problemas cardiacos. Varias teorías pretenden acertar en el diagnóstico de la enfermedad que pudo más que los arcabuzazos de Lepanto y los azotes argelinos. Los físicos de la época diagnosticaron hidropesía, atendiendo al síntoma de continua sed que padecía el escritor. La enfermedad debía ser diabetes, dolencia que no fue descubierta hasta la primera mitad del siglo XX.

Lo cierto es que Cervantes, a sus sesenta y ocho años, siente que disminuyen sus fuerzas día a día, pero todavía tiene coraje para cumplir la promesa hecha al conde de Lemos de terminar los trabajos de Persiles y Segismunda que, efectivamente, acaba en las primeras semanas de marzo de 1616.

Miguel vive con su mujer y dedica su tiempo a corregir y pulir su última novela, porque presentía que esta obra era algo así como el canto del cisne. Sale poco, camina despacio y cansino por las laberínticas calles de su barrio madrileño, se reúne con gentes de letras y de la farándula, y está en contacto con su nuevo editor Villarroel. También acude con frecuencia a misa en la iglesia de las Trinitarias.

En estas jornadas, que sabía las últimas, conversa sobre todo con el escribano Martínez, dueño de la casa donde vivía. Hace balance de su vida, recuerda tiempos pasados con la natural añoranza y lee a su amigo los nuevos capítulos del Persiles, verdadera filigrana nacida de su potente imaginación. Esta novela tan rica de peripecias muestra claramente la prisa del escritor por acabarla. Acortándola ostensiblemente, la termina y comienza a redactar el prólogo.

En una carta del escritor a su benefactor, don Bernardo de Sandoval y Rojas, confiesa la proximidad del fin con estas palabras: "...pero el fin tanto arrecia que creo que acabará conmigo". Fiel a su espíritu creyente, decide profesar en la Orden Tercera de San Francisco, a la que él y su mujer ya pertenecían como simples cofrades; y un día 2 de abril, el último abril de su vida, se lleva a cabo el piadoso acto en el que intervinieron el sacerdote Francisco Martínez y su padre el escribano. En el acta que se redactó consta que "...profesó en su casa por estar enfermo el hermano Miguel de Cervantes".

Tras esta profesión que dejaría su espíritu confortado, la vida sigue pareciéndole importante y bella. En su afán de agarrarse a ella, toma la decisión de ir a Esquivias, porque si durante tantos años la villa toledana había sido el alto en el fatigoso camino de su ajetreada existencia, ahora, en su deseo de recobrar las fuerzas, es una esperanza de remedio contra el mal que le tiene esquelético y desfallecido.

Pero todo fue en vano. El viaje resultó agotador y, una vez en Esquivias, apenas pudo ver el familiar y amado paisaje de sus viñas, ni el sol vivificador de aquella primavera manchega, pues tuvo que permanecer en cama.

Regresa a Madrid y, según él mismo nos cuenta en el prólogo de Persiles, se encontró con un estudiante pardal que acompañó el ritmo de su caballería al de la de Cervantes y que, enterado del nombre de aquel caballero flaco y enfermo, enfervorizado le dedicó grandes alabanzas: "Este es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre y, finalmente el regocijo de las musas". Enterado también de los males que aquejaban a Miguel, diagnostica hidropesía y le aconseja no beber porque su sed no se saciará ni con "toda el agua del mar Océano que dulcemente bebiese". Cervantes es un sediento en su larga agonía, como lo fue de comprensión y justicia durante toda su vida.

El malestar aumenta. Sigue escribiendo con dificultad el prólogo de Persiles, pero la pluma se mantiene firme en la mano que traza aquellas admirables palabras: "Adiós gracias, adiós donaires, adiós regocijados amigos que yo me voy muriendo...". Se va agotando en los días siguientes. Ya ni siquiera siente sed. Quienes le rodean ven que el fin es inminente y requieren a la familia de los caseros para que el escribano Martínez redacte el testamento y su hijo el sacerdote le administre los últimos sacramentos.

Se produce una escena semejante a aquella otra que él creó poniendo en boca de Don Quijote: "Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda prisa, dejénse burlas aparte y tráiganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento...".

Puestas las cosas en orden, las que atañen a esta vida y a la otra, el enfermo aún tiene fuerzas para pedir pluma y papel. Se había propuesto que su última obra llevase la dedicatoria al conde de Lemos y no está dispuesto a morir antes de hacerlo. Glosando unas coplas populares, escribe:

"Puesto ya el pie en el estribo

con las ansias de la muerte,

gran señor, ésta te escribo."

Durante toda su vida Cervantes fue un humorista y como tal se enfrentó con la muerte: "...el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan...". Efectivamente, los segundos se escapan de las manos, pero no se siente abatido; todavía no abandona la idea de escribir la continuación de La Galatea y otras obras. La dedicatoria termina con la fecha: "De Madrid a diez y nueve de abril de mil seiscientos diez y seis", y a continuación su firma, la última. Muchos años ricos en vivencias han transcurrido desde el primer nombre garabateado sobre un papel allá en Córdoba, y éste último trazado en la agonía.

No sabemos los pensamientos que cruzarán por la mente del moribundo, pero tal vez pensó en las palabras del hidalgo manchego: "Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño". Nidos y pájaros soñados, ilusiones que no se han ido del todo, puesto que él esperó siempre, realidades tristes que acongojaron su vida. Todo estaba allí en los últimos momentos como estaban su mujer, su hija y su sobrina Constanza, el escribano y su hijo el sacerdote.

Cervantes es ya la misma estampa de Don Quijote. El escritor incorporado en la cama se ahoga. Es el 23 de abril de 1616; el llanto de quienes le acompañan indica que todo ha terminado. Es amortajado por los hermanos terciarios de San Francisco y emprende su último camino a manos de los cofrades de la Orden, que dejan su cara descubierta como es costumbre en dicha institución.

Francisco de Urbina dedicó "A Miguel de Cervantes, insigne y cristiano ingenio de nuestros tiempos, a quien llevaron los Terceros de San Francisco a enterrar con la cara descubierta, como a Tercero que era", el siguiente epitafio:

 

"Caminante, el peregrino

Cervantes aquí se encierra:

su cuerpo cubre la tierra,

no su nombre, que es divino.

En fin, hizo su camino;

pero su fama no es muerta,

ni sus obras, prenda cierta

de que pudo a la partida

desde ésta a la eterna vida,

ir la cara descubierta." 



Va por usted maestro de maestros.


 

20 comentarios:

  1. Un escritor que dejó un gran legado, único y genuino.

    Una pincelada de cariño para ti.

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    1. Un legado que le agradecemos.

      Un cariñoso abrazo,

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  2. Estupenda entrada, estupendo el homenaje
    me quito mi pamela ante usted "maestro"
    un beso y un abrazo """

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    1. Se va a enterar MaRía por llamarme maestrillo, para MAESTRO Don Miguel, ese si es único.

      Besos aprendices

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  3. Qué pasada de texto, muy completo. Me has traído recuerdos de mi infancia cuando me estudié la vida de este escritor.

    Un abrazo!

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    1. Recuerdos que nos vienen a todos ante ese gran escritor.

      Abrazos,

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    1. Marcos cuando se habla de un genio todo es fácil

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  5. Mi querido Ricardo!!!!
    Impresionante entrada!!!!, qué bien la has escrito, me ha gustado muchísimo!! saber de sus últimos momentos, de querer cumplir su promesa de terminar Persiles, de continuar con su humor y su alegría de vivir, de escribir y estar con los suyos, inagotable hasta el último instante.
    Muchas gracias cariño por mostrarnos a este Gran Maestro de las Letras y la Vida, que siempre lo será!!!!!

    Un enorrrrme abrazo, con mucho cariño!!!!

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    1. Estrella estos pequeños granos es poco para hablar del más grande de las letras a nivel mundial, todos los pequeños homenajes son poco y más cuando un grupo de estafadores mal llamados nacionalistas le quieren quitar la autoría del Quijote.

      Un cariñoso abrazo,

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  6. Hola, Sau.

    Extraordinario post. Me uno a tu homenaje porque, a pesar de los homenajes que se le hicieron, se le hacen y se le harán, nunca serán demasiados.
    Sau, ¡qué frío hace ya en Madrid!, ya tenemos el invierno en los huesos y la Navidad en las calles... Espero que disfrutes en estos días.

    Un besazo muy grande, bonito.

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    1. Towanda es cierto, todo es poco para el más grande y la verdad es que realmente no le damos la importancia que tiene, el problema es que es español.

      Y si que hace frío, yo estoy con un catarrazo, y con "moquillo" y eso que siempre he preferido el frío a la caló de los madriles en verano, raro que es uno.

      Muchos besos a dos cielos.

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  7. El fue y será por siempre el SEÑOR de la novela cumbre de la literatura en lengua española.
    Gracias Ricardo , por tan merecido homenaje !
    Cariños amigo.

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    1. Emy entre tantos y tan buenos escritores como ha dado la lengua española a ambos lados del Atlántico este es el faro que los ilumina a todos.

      Un cariñoso abrazo,

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  8. Hola Ricardo, gran homenaje le haces a como bien dices maestro de maestros Cervantes, me ha gustado mucho leer lo que nos dejas ya que no tenia ni idea de nada de lo que nos cuentas, y como se suele decir, murió con las botas puestas, con la pluma entre sus manos hasta el ultimo momento, gracias por compartirlo con nosotros y ilustrarnos un poquito mas:)

    Besos.

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    1. Pilar aún le faltó tiempo para seguir escribiendo todo lo que le bullía dentro pero aún así nos dejó el mejor regalo que ha dado la literatura universal.

      Besos,

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  9. Hermoso, Sau. Y entrañable. Lo que más me ha conmovido es su lento declive hasta acabar larguirucho y flaco como el bueno de Don Quijote. Los dos amaban la aventura y sacrificaron aspectos de su vida en la búsqueda de sus ideales. Me gusta pensar que igual no eran tan distintos después de todo.
    Gracias, Sau, por una crónica excelsa. Un beso

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    1. Mere la pena es todo lo que se dejó en el tintero, la guadaña no dejó que nos legara tantas historias como se cocían en su interior, por eso debemos aprovechar todo el tiempo que nos queda.

      Yo espero con ilusión un libro dedicado de una gran escritora, tan llena de imaginación.

      Besos,

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  10. Hermoso homenaje en recuerdo de uno de nuestros más grande entre los grandes . Caballero, poeta, filósofo, humorista , genial , mente privilegiada y clara , puro sentimiento ... en Cervantes se mezcla todo para dar paso a la maravilla de nuestra imaginación . Nos dejó un legado que creo que nunca terminaremos de conocer . Admiro profundamente todo lo que a él se refiere y todo cuanto de él aprendemos , nunca pasará porque es inmortal como toda su Obra .
    Me ha encantado , querido Sau ! Un abrazo grande

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    1. Charo es tan grande su legado que solo espero que las nuevas generaciones no lo dejen perderse en el olvido, fue una mente muy privilegiada y además vivió mucho, muchos sinsabores y aventuras militares y supo dejarnos obras imperecederas como lo fue él, un adelantado a cualquier tiempo que le tocara vivir.

      Se nota mucho tu cálida ausencia pero sabemos que tus alumnos llenan tu tiempo, solo nos queda esperarte.

      Un cariñoso abrazo,

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