Quiero hacer desde aquí un pequeño homenaje a
esos grandes autores que nos precedieron y no va a ser un concurso aunque no
ponga el autor y la obra, el premio consistirá en mi agradecimiento por leer
los textos, y al final, si nadie lo adivina, en los comentarios pondré autor y
libro. Siempre he sido un apasionado de la literatura así como de la historia,
quien ha leído al loco Sau sabe que es así por los mordiscos que he intentado
dar en diversas ocasiones a tanto sableador que padecemos en esta piel de toro,
aquí dejo mi admiración por esos grandes escritores que nos dejaron su legado:
Tío
Mocejón, el de la calle Alta (porque había otro Mocejón, más joven en el
Cabildo de Abajo), era un marinero chapurrado, rayano con los sesenta, de color
de hígado con grietas, ojos pequeños y verdosos, de bastante barba, casi
blanca, muy mal nacida y peor afeitada siempre, y tan recia y arisca como el
pelo de su cabeza, en la cual no entraba jamás el peine, y rara, muy rara vez,
la tijera. Tenía los andares como todos los de su oficio, torpes y
desaplomados; lo mismo que la voz, las palabras y la conversación. El mirar, en
tierra, oscuro y desdeñoso. En tierra digo, porque en la mar, como andaba en
ella, o por encima o alrededor de ella veía cuanto en el mundo podía llamarle
la atención, ya era otra cosa.
El
vil interés y el apego instintivo al mísero pellejo le despertaban en el
espíritu los cuidados; y no hay como la luz de los cuidados para que echen
chispas los ojos más mortecinos. En cuanto a genio, mucho peor que la piel, que
la barba, las greñas, los andares y la mirada; no por lo fiero precisamente,
sino por lo gruñón, y lo seco, y lo áspero, y lo desapacible. Unos calzones
pardos, que al petrificarse con la mugre, el agua de la mar y la brea de la
lancha, habían ido tomando la forma de las entumecidas piernas; unos calzones
así, atados a la cintura, con una correa; unos zapatos bajos, sin tacones ni
señal de lustre, en los abotagados pies; un elástico de cobertor, o manta
palentina, sobre la camisa de estopa, y un gorro catalán puesto de cualquier
modo encima de las greñas, como trapo sucio tendido en un bardal, componían el
sempiterno envoltorio de aquel cuerpo, pasto resignado de la roña y muy capaz
hasta de pactar alianzas con la lepra, pero no de dejarse tocar por el agua
dulce.
Pues
con ser así tío Mocejón, no era lo peor de la casa, porque le aventajaba en
todo la Sargüeta, su mujer, cuyo genio avinagrado y lengua venenosa y voz
dilacerante, eran el espanto de la calle, con haber en ella tantas reñidoras de
primera calidad. Era más alta que su marido, pero muy delgada, pitarrosa, con
hocico de merluza, dientes negros, ralos y puntiagudos; el color de las
mejillas, rojo curado; y lo demás de la cara, pergamino viejo; el pecho
hundido, los brazos largos; podían contarse los tendones y todos los huesos de
sus canillas, siempre descubiertas, y apestaba a parrocha desde media legua.
Nunca se le conoció otro atalaje que un pañuelo oscuro atado debajo de la
barbilla, muy destacado sobre la frente y caído hacia los ojos, para que no los
ofendiera la luz; un mantón de lana, también oscuro y también sucio, y hasta
remendado, cruzadas sobre el pecho las puntas y amarradas encima de los
riñones; un refajo de estameña parda, y en los pies unas chancletas con luces a
todos los vientos.
Sin
embargo, hay quien asegura que era más llevadera esta mujer inaguantable, que
su hija Carpia...
-!Que
subas, Carpia, y no me acabes la paciencia!....!Que na tienes que hacer en onde
estás!
-Tengo
que hacer mucho, madre, !mucho!...., !más de lo que a usté se le fegura,
caraspia!....Estoy guardando la honra de la escalera, !sí! y la honra de toa la
vecindá. !Ha de saberse dende hoy quien es ca uno!...., !por qué está la mi
cara abrasá de las santimperies, y por qué están otras tan blancas y tan
repolidas! !Caraspia, que esto no se puede aguantar! !A los mesmos ojos de
uno!....!a la mesma luz del mediodia! ¿Es esto verguenza, madre? ¿Es esto
vergüenza?.... Pus pa sacarsela a la cara estoy aquí ahora...., !pa que se
acabe esto de una vez, se queden las gentes de honor en sus casas, y vayan las
enmundicias a la barreúra! Pa eso... !La mosconaza!, !la indecente!....
-Pero,
mujer, ¿qué es ello?, ¿qué está pasando, Carpia?
-!Que
el chupa tintas y la señorona, solos, los pobres de Dios, están en la bodega a
puerta cerrá!... !y que esta casa, de portal pa arriba, no es de esos tratos,
caraspia!
Aquí
ya se acercan los chicuelos a la hija de la Sargüeta; se detienen los
transeúntes; se abren los balcones que estaban cerrados, y se ponen de codos
sobre las barandillas mujeres que antes estaban sentadas entre puertas.
Y
replica la Sargüeta desde el balcón, a su hija, que se contonea en la acera
delante del portal:
-¿Y
esto te pasma?... ¿Y por eso te sofocas, inocente de Dios? !Pos bien a la vista
estaba! !Delante de los ojos lo tenias! Pero con too y con eso, guarda el
sofoco, que pueden angunas que nos escuchen pedirte cuenta de lo que digas...
!Porque aquí no habría gente de mal vivir si no hubiera sinvergüenzas que las
taparan, puñales!... Y delante de la cara de Dios, tan bribona es la que se
vende por un pingajo, como la que la empondera..., y de estas encubridoras hay
aquí muchas, !puñales!... !Y ésas son las que sonsacan a los hijos de familia
pa meterlos en esas perdiciones y afrentar a las gentes de bien! !Esas!,
!esas!, !y por lo que chumpan!, !y lo que se les pega!...., !y lo que las
vale!... !Así estoy yo sin hijo!....!así me lo engañaron!..., !bribonas!....,
!que el no se acordaba de ella!, !bien en paz vivía en su casa!.... (De pronto
se fija la Sargüeta en una vecina de enfrente, que la estaba mirando). ¿Que se
te pierde aquí, pendejona?... ¿Te pica lo que te digo?.... ¿Te resquema la
conciencia?
-!Calla,
infamadora deslenguada! -dice la aludida, que ni se acordaba de entrar en la
pelea, pero que no la rehúsa, ya que se le pone tan a mano-. ¿Qué se me ha de
perder a mí en tu casa sino es la salú, con sólo mirar hacia ella?
Carpia
desde abajo:
-!Déjela,
madre, déjela, que con ésa se mancha hasta la basura que se la tire a la cara!
-!Dejarla yo! -exclamó la Sargüeta,
deshaciéndose el nudo del pañuelo de la cabeza para volver a hacerlo con las
manos trémulas por la ira-- !Dejarla yo!...., sin pelos en el moño la dejaría,
!puñales!, si la tuviera más cerca.
-¿A
mi, tú? -dice la de enfrente comenzando a ponerse nerviosa-, !Lambionaza!....,
!bocico de chumpagüevos!
-!A
tí, si, chismosona!...., !cubijera!.... !Y también a esa otra lambe-caras que
te está provocando contra mí!
La
"otra lambe-caras", desde su balcón:
-!Echa,
echa solimán por esa bocaza de demonio, coliebra!...., !escandalosa!....,
!borrachona!....
Carpia,
desde abajo, sin que se callen las de arriba:
-"!Escandalosa!"...
Pregúntela, madre, porque la carenó el pellejo la otra noche el su marido....Y
si no se atreve a cantarlo, que lo cante la brujona de la su vecina, que la
corre los cubijos por lo que se le pega al gañote, !caraspia!
La
"brujona" del entresuelo, sin que callen las anteriores:
-¿Yo
cubijera de naide? !Desvergonzaona!...., !cancaneá!.... !envidiosa!.... ¿Te lo
ha dicho ella por si acaso?
-Me
lo ha dicho quien lo ha visto con sus mesmos ojos.... y no me dejará mentirosa
a la hora presente...., porque oyéndolo está bien cerca de aquí, asomá a la
ventana, por más señas...!Caraspia, no te hagas la disimulá, que too el mundo
sabe que por ti hablo!
La
de la ventana, entre el vocerío de todas las anteriores:
-Pa
que yo te dijera esas cosas, juera menester que me rebajara a cruzar palabra
contigo y alcordarme de espantajos indecentes como esa otra.... Y tú, perra
lambiona, ¿por qué tiras de la lengua a denguno, cuando eres un talego de
maldaes, como la madre que te parió? !Desgobernás...., que dormís las cafeteras
en el balcón por falta de cama!...., !porconazas!....
El
"espantajo indecente":
-!Qué
más quisieras tú, desollaona, descamisá, que yo te consintiera tomar en boca el
mi nombre!
La
de la ventana:-!Puáa! !Allá va el nombre tuyo ahora mesmo!.... !Abaja a
recogerle en la basura de la calle, que la está manchandooo!....
Y
por aquí corta la muestra del paño de los procedimientos por medio de los
cuales van las hembras de Mocejón enzarzando reñidoras en la pelea, y a la vez
subdividiéndola en otras muchas y por otros tantos motivos diferentes entre sí;
de modo que en menos de un cuarto de hora está toda la calle, como diría don
Quijote, lo mismo que si se hubiera trasladado a ella la discordia del campo de
Agramante, pues "allí se pelea por la espada, aquí por la jaez, acullá por
el águila, acá por el yelmo, y todos pelean y todos no se entienden". Se
grita a gañote suelto, y se vomitan vocablos cuya crudeza no puede
representarse por signos de ninguna especie, porque no los hay que pinten su
dejo de carácter, aguardentoso, desgarrado y maloliente a la vez. Todas las
reñidoras gritan a un tiempo, y ya no se trata de responder a una agresión
asquerosa con otra más desharrapada, sino de expeler, a toda fuerza de pulmón,
cuantas injurias, torpezas, hediondeces se le vaya ocurriendo a cada furia de
aquellas.......
Saudades - 2014
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